Las chicas que nos echaron un cable

Llevó unos meses dándole vueltas a escribir este artículo. Hace años tenía un blog donde escribía entradas sobre lo que sucedida a mi alrededor, criticas de películas poco comerciales y canciones que me removían por dentro. Con los años, fui abandonando esa rutina y decantándome por otros registros sin ser capaz nunca de dominar ninguno  y con la vergüenza de sentir que lo que yo escribía no era nada importante. Supongo que ese sentimiento de inferioridad es difícil de superar aún cuando te das cuenta que con trabajo y tesón has conseguido mucho.

Necesito hacer este escrito tras el visionado de la serie Las Chicas del Cable. Es una serie que me ha hecho reflexionar mucho desde la primera temporada, además de las tramas que se suceden, por el papel de la mujer en la historia. No es una mega producción ni mucho menos, hay actores que dejan mucho que desear pero el mensaje que tiene para mi es realmente productivo. Hay determinados pasajes de la serie que deberían ser obligados en los centros educativos, para que todas esas mujeres que ahora se piensan que el camino que recorren fue así  de “fácil” se den cuenta que no lo fue. Además, que puedan ver en lo hondo que pudimos llegar a estar por el simple hecho de ser mujer.

Hablando hoy en la comida con mis padres, su veredicto ha sido que las mujeres estamos casi como los hombres. No creo que sea así y tengo varias razones para justificar mi opinión, gravemente apaleada por el discurso machista de mi madre y el patriarcal de mi padre.

En primer lugar, aunque si que siento que he tenido las mismas oportunidades de prosperar que un hermano, no creo que mi camino haya sido el mismo. Siempre me he sentido en la necesidad de justificar mis actos en un seno tremendamente masculino donde las mujeres de mi familia, aunque con excepciones, se han dedicado a las tareas del hogar y al bienestar de su marido e hijos. Desde bien pequeña despunté queriendo ser una mujer distinta a mis compañeras. No aprendí a coser, lo odio, y no comprendía que cocinar fuese para un marido exigente que ni te da las gracias cuando lo prueba: “nadie se va querer casar contigo si no sabes freír un huevo”. Por un breve lapso de tiempo llegué a creerme que sería una fracasada si no encontraba un buen marido, si no sucumbía a la maternidad o si no sabía llevar una casa debidamente. Pero gracias a los libros, a mis ansias por salir del pueblo y alguna que otra persona que me inspiró, me convertí en lo que en mi pueblo llaman con desprecio una feminista. Sin embargo, me he esmerado un millón de veces en explicarles que el feminismo consiste en la igualdad entre ambos sexos y que en tal caso yo sería hembrista, atendiendo a sus dilucidaciones. Y sí, soy una orgullosa feminista.

En segundo lugar, las mujeres seguimos siendo severamente criticadas por aquellas costumbres que antes se tornaban masculinas. Si vives sola, aunque sea pleno siglo XXI, sigue siendo raro porque no encuentras a un hombre para que te haga feliz. Me canso de escuchar el mismo comentario de si soy una egoísta por no querer tener hijos o por preferir gastar mi dinero en ropa, viajes o cenar fuera. Sin embargo, cuando un hombre lo hace, nadie repara en él. Viendo la serie, razón por la que me he animado a escribir esto, me doy cuenta del camino que unas cuantas mujeres valientes nos abrieron para que ahora podamos vivir con total libertad nuestro propio estilo de vida, que aunque siga siendo criticado, lo hacemos sin problemas mayores. Siempre que tengo la oportunidad de hablar con algún adolescente, sobretodo mujer, le digo que ante todo se busqué un camino, un oficio o una profesión que le permita ser independiente. Si después se casa y llega a un acuerdo son su pareja para quedar en casa, que lo haga con la libertad de saber que si un día necesita salir de ahí, pueda hacerlo porque se ha esforzado en alcanzar su propia independencia como mujer. Me da mucha rabia cuando veo que muchas no aprovechan las grandes oportunidades que tienen, ¡cuántas en el pasado hubiesen soñado con ellas! Depender de otra persona, sin tener ningún tipo de dificultad física ni psíquica,  es la nueva esclavitud del siglo en el que vivimos.

Y por último, y como conclusión, quiero agradecer en voz bien alta a todas esas mujeres que un día plantaron cara a sus padres, hermanos y maridos para que nosotras podamos estar aquí ahora. También a todos los hombres que les ayudaron. No podemos olvidar que los derechos y obligaciones que tenemos hoy en día son gracias a esas precursoras. Y algo más importante, creo que debemos honrar su lucha disfrutando y aprovechando todas las oportunidades que se nos brindan a pesar de que aún haya muchos pensamientos del pasado que nos quieren seguir encerrando en las cocinas rodeadas de una gran prole. Nos queda mucha lucha pero solo si seguimos fuertes y somos fieles a complacer nuestros deseos y sueños, podremos seguir abriendo camino a las mujeres que vayan llegando. No debemos olvidarnos de nuestra lucha porque el feminismo es como la salud, solo nos damos cuenta de lo importante que es cuando nos falta.Yo prometo, que desde mi labor docente, seguiré animando a todas las mujeres a luchar para su propia felicidad sin dejarse llevar por preceptos sociales que no hacen más que crear situaciones de violencia y desigualdad ¡Ánimo a todas!

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