Capítulo borrado de “Buscando tu aprobado”

Cuando escribí la novela tuve que cambiar alguna que otra cosa. Sin embargo, hubo un capítulo muy especial para mí que me dio mucha pena borrar. Pensé que quizás sería bonito poderlo dejar aquí para aquellas personas que quieran leerlo. 

Aprovechando que Susana y Alba hacen hoy un mes y que ayer fue el día del libro, quería que este trocito de la historia no se quedase perdido en un word. Espero que os guste.  Una vez más, muchas gracias a todas por hacer que este mes haya sido tan especial, no me cansaré jamás de agradeceros todo el apoyo. 

Os pongo en situación. Sería justo después del día en que Susana le deja la nota a Alba sobre su sonrisa.

EL color marrón sería Susana y el azul Alba.

 

Aquella mañana tenía otra notita encima de donde siempre solía dejar la carpeta cuando iba al departamento. Susana se estaba acostumbrando al juego adolescente de las notas.

Cuando vi la película de Princesas de Fernando León fui consciente de que me había perdido una parte de mi vida en la que tú tenías que haber sido el acento de mi sílaba tónica. Cuando escuché esta frase me di cuenta de que a mí me sucedía lo mismo contigo:

“Es rara, ¿no? la nostalgia… Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para poder echarlo de menos… eso si que es una putada. ¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? Porque a mi a veces me pasa. Me pasa que me imagino como van a ser las cosas, con los chicos por ejemplo o con la vida en general, y luego me da pena cuando me acuerdo de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas…y luego cuando lo pienso me da nostalgia cuando me doy cuenta de que aún no han pasado y que a lo mejor no pasan nunca..”

No quiero que seas la nostalgia de algo que no ocurrió nunca, Alba.

Susana.

Me apresuré a contestar con una cita de otra película que me había hecho pensar mucho los años que había estado lejos de ella.

“Cuando miras a una persona, cuando la miras de verdad puedes ver el 50% de lo que es. Querer descubrir el resto es lo que estropea las cosas.”

Me gustó más Mi vida sin mi de Isabel Coixet.

Alba

Quería volver a pasar por el departamento para descubrir si tendría nota y no pude evitar sonreír cuando apoyada sobre mi carpeta había una nueva.

“No hay nada peor que separarte de alguien a quien quieres todavía”.

Hable con ellas de Almodóvar.

Susana.

Me di prisa para dejarle la mía sobre la misma película antes de irme a clase. Adoraba a Almodóvar.

Sí, también recuerdo de esa misma película:

“El amor es la cosa más triste del mundo cuando se acaba”

Alba

¿Se ha acabado? Si seguimos con AlmodóvarVolver:

“Siempre hay cosas que se dejan sin hacer, o que se hacen mal. Y mi vida no ha sido una excepción, pero no sé si tienen arreglo. Y si lo tienen, me corresponde a mí arreglarlas.”

Susana

De volver me gusta más esta parte, que aunque sea cantada, te la escribo. Tengo miedo al pasado que vuelva a ser presente.

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno… Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de la noche que, poblada de recuerdos, encadena mi soñar, pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido, que todo lo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón. Volver con la frente marchita. Las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.”

Alba

 

Creo que deberíamos hacer como dicen en Los abrazos Rotos:

“Las películas hay que terminarlas aunque sea a ciegas.”

Susana

 

La ley del deseo:

“Estoy tratando de olvidarte y cuando uno trata de olvidar no escribe.”

Hasta mañana, Susana.

Alba

Me guardé todas las notas en el bolso y me fui a casa con una sonrisa al ver que compartíamos el mismo gusto por el cine. Aquel cruce de mensaje con citas de películas podía haber sido el perfecto entremés que daría paso a la nuestra.

 

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Feliz día del beso

Ella era la típica niña mona con la que cruzas la mirada en la entrada del ascensor sin saber si dejarla pasar o hacerlo tú primero. Dudas, pero decides ser educada y esperas a que lo haga ella. Después, la miras de refilón mientras hueles el perfume que siempre has querido llevar pero que nunca te has comprado porque a ti no te queda bien. «Lo que daría por tener ese olor siempre en mi casa», pensé en aquel instante.

—Al tercero, ¿tú? — «¿yo? Quiero subirme entre las hondas de tu pelo y perderme en ellas para no volver nunca más al mundo en el que vivimos. Seguro que ahí tendré la paz que no encuentro» pensé sin ser muy acertada con las palabras mientras buscaba el número tres para rozar su mano con delicadeza—. Hasta luego.

—Hasta luego —conseguí decir sin tener mucho tino para encontrar mis llaves y perder de vista lo que durante veinte segundos había sido una de las grandes maravillas del mundo.

Así la conocí y así supe que no podía dejar de hacerlo más a fondo. Rápidamente supe que era la prima de mi vecina, a la cual ayudaba muchas semanas con sus clases de piano.

—Necesito que me presentes a tu prima.

—¿Mi prima? No creo que tenga ganas de verse con nadie. Acaba de dejarlo con su novio—. «Su novio» pensé. No me importaba su exnovio si le podía demostrar lo feliz que iba a ser conmigo.…

Y de tanto insistir e insistir, me permitió tomar un café con ella. No podía sentirme más afortunada. Daba igual que fuese una lluviosa tarde de abril, donde las gotas caían con tanta prisa que a mí no me daba tiempo a agarrar las manecillas del reloj para pedirlas que fuesen más despacio mientras tenía aquella compañía.

—Te invito a saltar ese charco —dije riendo—. Seguro que nunca jamás nadie te ha propuesto hacer algo así. —Me miró con cara de sorpresa, en la que ligeramente dibujó una preciosa sonrisa.

—La que se moje más gana —gritó mientras corría en busca del charco más grande.

Saltamos y saltamos, calando nuestro huesos con aquella agua fría que nos purificaba de deseo y ganas de vivir. Era ella la elegida para hacer que mi vida contase de forma distinta hasta como lo había hecho en ese momento.

De camino a casa nos paramos en una tienda de cuadros donde ella divisó una réplica del famoso beso de Rodin.

—No me importaría errar en los infiernos —dije.

—¿Cómo dices? —me preguntó sin entender.

—Sí, como Paolo y Francesca de La Divina Comedia de Dante.

—¿Qué les pasó?

— Que por culpa de un beso les tocó tal penitencia.

—Pues sí que les salió caro el beso…

—A veces vale más darlo y sufrir las consecuencias un segundo que quedarse con las ganas y lamentarlo toda una vida.

Y antes de que ella pudiese decir nada, me atreví a acercarme a sus labios, tratando de imitar a Paolo o quizás a Francesca. No importa quien empezase, lo importante es que un día uno de ellos se atrevió a dar ese paso.

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¡Feliz días del beso! Besad mucho, que quemad calorías que estamos en plena campaña de la operación bikini.

(2)

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Instrucciones de uso.

1) Abre YouTube y pon esta canción para escucharla justo después de haber acabado de leer el trocito de hoy.  Si es con lo ojos cerrados, mejor.

https://www.youtube.com/watch?v=GO6UXeqqUIY

2)

Arrastró su maleta sin fuerza. ¡Qué poco importaban cuatro trozos de tela si lo más importante que necesitaba vestir era imposible de cubrir con ellos!

Caminó lentamente, buscando abrigo bajo alguna bonita mirada que la vistiese de paciencia para soportar tal letargo.

Consiguió llegar al centro de la ciudad pero esta se mezcló con su tristeza empañando sus gafas de sol. Tan innecesarias en aquel momento como sus deseos de dar la vuelta y regresar al punto de partida, de no abandonar, no tirar la toalla y no dejarla escapar. Ya era demasiado tarde.

Una molesta lluvia comenzó a teñirlo todo, mojando sus recuerdos. Pesarosa arrastró sus pies fingiendo un baile ensayado, creyó que alguien la sujetaba por la cintura y bailó con ella al son de la canción que en el último San Valentín le había regalado su ya no chica. Cada nota y cada acorde se clavó en sus oídos como el ruido de las gotas cayendo sobre su rostro. «Volverás a reirte de veras, si te quedas conmigo.» No reía en absoluto. No se había quedado con ella. La sombra soltó su cintura y la dejó marchar en busca de un hotel que le pudiese dar cobijo a ella y a sus memorias.

Se refugió mirando por una de las ventanas, las gotas de deslizaban con lentitud por el cristal. Acercó su mano para quitarlas y poder ver con precisión cuando se percató de que aquellos pedazos de mar eran lágrimas saladas que salían de sus ojos.

Quizás Londres no había sido la mejor opción.

Por ti, un mundo entero

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He pensado en crear una historia muy cortita a través de fotos de los viajes que he ido realizando durante los últimos años. Espero que os guste la idea. Comenzamos:

(1)Cuando cruzó la puerta supo que nunca más la volvería a traspasar para reencontrarse con ella. Tras cientos de miles de horas, pensó que lo mejor era dejarla marchar del mismo modo que, durante los últimos meses,  lo había hecho el amor que le procesaba.

Siempre hacía lo mismo. En lugar de apoyarse en las personas que más quería, preparaba su maleta y volaba tan lejos como podía. Al principio pensaba que solo así podría huir de sus miedos. Solo si apartaba a las personas y dejaba de dar explicaciones sería capaz de olvidarse de sus problemas. El no tener que paladearlos cada día en sus labios para ella era una liberación aunque ellos, lentamente, iban trazando una perfecta cadena que se ataba fuertemente formando reincidentes pensamientos.

Allí arriba se sentía segura. Flotando entre las miles de nubes que atravesaba a la velocidad que más rápido podría ir su cuerpo, mientras su corazón palpitaba con fuerza.

A veces confundía esa velocidad estrepitosa con la que le provocaba en su sistema nerviosa el dulce roce de las yemas de sus dedos por la piel. Arrastrando con cuidado su aroma, provocando que todo el bello que dejaba atrás se erizase. Meneó la cabeza un par de veces,  tratando de sacar aquella imagen de ella. Se prometió que aquellos meses de huida solo estarían ella y su soledad. No hacía tanto que la había acompañado, pero seguía sin acostumbrase al reencuentro agridulce que le enardecía el alma.

Abrochó su cinturón, el piloto anunciaba turbulencias.