Misión olvido

Hace unos días he venido a la casa que mi familia comparte en verano. Cansada, agotada. Este año ha sido brutalmente fatigoso. Los problemas laborales se han juntado en exceso, los papeles, las prisas, los gritos… Todo ha hecho que mi vida haya sido sacudida con tanta intensidad que cuando mi cuerpo ha parado, la angustia, el agobio y la falta de cosas por hacer me han estrangulado las ganas de respirar con normalidad.

Me he pasado dos días corriendo tanto por la playa que ahora mismo no se si tengo piernas o trozos de madera. Ha sido tan feroz mi autodestrucción que ahora que empiezo a ver las cosas con distancia, me doy cuenta de que todo lo que nos pasa es un mero aprendizaje, nadie se muere por vivir.

He conseguido relajarme, sosegarme, he acariciado mis temores prometiéndoles que todo pasa por algo, que ha sido bonito aunque duela, que vivir de esta forma también es una manera de despertar de los largos letargos que nos da la monotonía. Me he sentado en una silla del balcón, respirando tan fuerte que he sentido como el aire se ha ido apoderando de cada uno de los rincones donde depositaba mis miedos, se los ha comido, porque para la ansiedad no hay nada mejor que respirar aire puro.  Me ha cambiado la cara en un segundo. Mi madre se ha acercado a mí, sin decirme nada me ha tendido un libro cuyo título ha podido ilustrar a la perfección lo que debo tener escrito en la cara: “misión olvido” de María Dueñas. Supongo que las madres lo saben todo, esos nueve meses ahí conectadas hacen más que cualquier palabra, que cualquier lágrima que puedas derramar sin que te pida explicaciones o que cualquier acto de arroparte con ternura sin esperar contestación alguna. Son las personas que tratan de encauzar tus miradas perdidas mientras intentas comer algo que apenas entra en tu organismo, que te acarician la mano en señal de apoyo o te dan un beso en la frente diciendo que todo pasa por algo, desatando mareas de agua salada.

No tenía ganas de leer. Mi cabeza no estaba para ello, a pesar de que su primer libro me encantó, no tenía fuerzas. Sin embargo, me puse a repasar con mi dedo índice cada una de las letras que forman la palabra “olvido” y como un huracán de sentimientos me ha arrojado al ordenador a escribir como loca. Otra de las cosas que era incapaz de hacer estos días.

Me he preguntado qué quiero olvidar y por qué. Es curioso como los pensamientos más bonitos se acumulan en nuestra cabeza para crearnos una huella de nostalgia que nos paraliza el cuerpo. ¿Cómo voy a olvidar algo que me ha hecho sentirme tan vida? Si no lo haces, no podrás ser feliz. He esbozado una sonrisa y he pensando en cada uno de los minutos que hemos vivido juntas. Llegar a ser una sin ni siquiera ser consciente de ello. ¿Sabes cuántas noches de insomnio me faltan para olvidar todo eso? Supongo que las mismas que a ti, ojalá lo tuyo sea más rápido.

Por segunda vez he vuelto a repasar el título, esta vez me he parado en la palabra misión. Por un momento me he imaginado a miles de cientos de mini personitas llamándose: “tenemos una misión que librar, borremos todo aquello que le esté haciendo sentirse mal, desatemos las cadenas que le atan a pensamientos poco productivos y plantemos cosas bonitas que la muevan a sonreír.” No puedo encontrar mejor palabra para acompañar al olvido, una dura misión donde los amantes pueden entregarse a la locura que les impida pasar página o al acierto de ser suficientemente valientes como para saber que su historia se quedó varada en ese punto donde era incapaz de avanzar más.

He tratado de ser sincera conmigo misma, de enfrentar a mis sentimientos más profundos, esos que están enterrados en mi interior y a los que hay que acceder mediante una especie de scape room donde los códigos y las combinaciones de letras y palabras se acumulan para descifrarlos. Los he querido enfrentar con los que he pronunciado en los últimos meses y me he dado cuenta de que nada tienen que ver los unos con los otros, que hay dos personas conviviendo en el mismo cuerpo, que por arte de magia se consume ante esta lucha titánica.

He vuelto a pensar en la palabra “olvido” después de hablar con mi mejor amiga. Me ha dicho que no entiende por qué hay personas que son capaces de olvidar tantas cosas bonitas en dos días, que se van con otra persona y que nunca más vuelven a ser las mismas(recordando a su ex). He tratado de pensar bien mi respuesta. “Seguramente ahora no entendamos nada, no tenemos suficiente perspectiva para comprender que esto es lo mejor que nos ha podido pasar.” Se ha asustado y me ha preguntado que cómo puede ser lo mejor si está hecha polvo. Segura de mí misma le he dicho que a veces pasan cosas por un motivo que no entendemos, pero que nos obsesionamos con seguir en ese pensamiento de lo que hubiese sido de haber seguido adelante, amargándonos la vida. Estoy segura que si ha terminado ya es porque algo muy bueno va a llegar y que si hubiese sucedido lo que queríamos que pasase ahora mismo, nos perderíamos algo mejor. Me ha dicho que tengo razón pero que no lo entiende, que no quiere que sea así, que lo quiere a él y ahora, pero también sabe que eso no puede ser. Cuando hemos terminado de hablar, he vuelto a sonreír. Incluso en un mal momento, el positivismo y la esperanza han salido de mí. Quizás los candados se empiezan a abrir y las combinaciones que desatan puertas están funcionando.

Termino de beberme el café que reposa en la mesita, se está levantando una brisa buenísima. Creo que me iré a correr otro rato antes de sucumbir en una espiral de pensamientos que me vuelvan a ese punto donde ya nada tiene solución. Miro a las nubes, cargadas de lágrimas y pienso que será mejor coger paraguas porque aunque estemos en verano y no entienda que llueva, lo va a hacer. Hay tantas cosas que no entendemos, pero que debemos acabar comprendiendo… Arrastró el café con placer y pienso en ti una vez más. No sabes las de cosas que nos han quedado por vivir, la de sueños por cumplir, la de momentos por traspasar, los segundos quitándonos el aliento… Te echaré de menos, lo haré pero no puedo hacer más que desearte lo mejor, te mereces un mundo entero de alegría, de besos, de caricias… Te mereces alguien que te mire y no deje de hacerlo ni un segundo. Gracias por tanto pero mi misión olvido está a punto de comenzar. Deseadme suerte.

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