Moi Lolita

Hoy me he despertado muy temprano. Olía a tostadas recién hechas, la exprimidora a todo gas y los cristales empañados por el vaho que había producido la cafetera. Mi madre feliz, cocinando junto con mi padre para toda su prole. En la radio sonaba discretamente “Moi, Lolita” de Alizee haciendo que mi mente se trasladase a hace demasiados años. El bello de mis brazos se erizó de golpe. Desayuné con tranquilidad, saboreando cada minuto con mi familia, respirando el olor a hogar que tanto echo de menos cuando no estoy con ellos. Me tomé mi tiempo para volver a mi cuarto y ponerme de nuevo la canción, en bucle. Susana volvió a retumbar en mi cabeza como ese suspiro que parece que nunca termina por miedo a que sea el fin de tus días. Ella. Sus ojos volvieron a estar frente a los míos. Fue la primera canción que escuchamos juntas. Un frio otoño donde las hojas ya sabían que debían caer, lo hacían todos los años, aquel no se les iba a olvidar hacerlo. Susana quiso apagar la radio, pero mi mano juguetona se lo impidió subiendo más el volumen, años más tarde mi madurez me hizo entender por qué evitaba aquel nombre con tanta desesperación ante la risa de mi inocencia. Tan fuerte fueron los impulsos del destino que por aquel entonces ninguna de las dos sabíamos que el francés nos uniría para siempre, haciendo que nos enamorásemos como dos locas. Aquellos acordes sonaron al azar, mezclándose con las primeras gotas que caían en los cristales. No había escuchado esta canción en años, ni siquiera recordaba que había sido parte de uno de los momentos más especiales de nuestra historia. Y sin embargo, en tan solo unos minutos me trasladó a un lugar maravilloso donde mi inocencia era más fuerte que cualquier otro sentimiento. Creo que en dos horas la he escuchado más de veinte veces. He cerrado los ojos y me he visto con mi carpeta rosa, mis pantalones de campana y el olor de Susana impregnando la estancia. Me he vuelto a ver corriendo por los pasillos, persiguiendo su aroma como si fuese la mayor de mis preocupaciones. Me he imaginado siendo su Lolita sin ningún temor. A veces creo que me encantaría volvérmela a encontrar, decirle que parte de la persona que soy hoy es por ella. Me sobran las ganas y me faltan las fuerzas. Quizás un día me atreva a contestar su email e invitarle a tomar un café. Quizás ese día sea yo quien la lleve a ella en mi coche mientras una nueva canción en francés suene para que construyamos otro momento único en nuestra pequeña historia que forma parte de un mundo de historias de amor que nunca salieron bien pero que lo intentaron. Quizás algún día me atreva a…. “Moi Lolita”.

PD: la novela de Nabokov es increíble, pero la película de Kubrick está también muy bien. Ambas recomendables e imprescindibles.

Por cierto, Susana y Alba han hecho 6 meses 🙂 Si aún no las conoces,  te invito a hacerlo. Ellas tienen muchas ganas de colarse en tus melancólicas tardes de otoño mientras disfrutas de un café caliente y ves resbalar las primeras lágrimas por los cristales del salón:

 

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