Final Orgasmo

Señoritas, 

aquí está el final de este morgamo, digo orgasmo. Les agradezco una vez más sus lecturas, sus mensajes y su apoyo incondicional. Es mi pequeño regalo por todo lo que me habéis dado vosotras en el 2018. Para este 2019 os deseo un millón de estos, como el del título de mi historia. Que tengáis la suerte de encontrar o chocaros con una Paloma como la de mi historia, que os haga tan felices como se lo hace a Sofía 😉 Por un 2019 de sonrisas, de alegría y de muchos muchos orgasmos. 

A pesar de la emoción de saber que la tarde-noche siguiente la podría pasar con Paloma, Sofía no había pegado ojo dando vueltas a lo que llevaba demasiados años rondando su cabeza. Dudó un momento pero no aguantó más y llamó a Alejandra con carácter de urgencia. De sus amigas del grupo, solo ella podría llegar a comprender lo que le sucedía.

Dos tazas humeantes empañaban las preciosas gafas de pasta de Alejandra que la miraba con cara de sorpresa por no comprender la urgencia de aquel café y la imposibilidad de tomarlo en otro momento.

—Hemos quedado esta noche para cenar —sentenció Sofía.

—¿Y para esto me llamas con tanta necesidad?¿Qué problema hay?

—Pues que Paloma es diferente.

—Bueno, cuando nos empieza a gustar alguien siempre parece diferente. En realidad es el tiempo el que marca esa diferencia.

—No me estas entendiendo. Paloma me mueve algo.

—Ya, las famosas mariposas esas que te entran y no puedes dejar de pensar en ella.

—No.

—¿No?

—Es algo más mágico. Con mis anteriores parejas me he sentido a gusto, hemos compartido cosas, pero con Paloma se une algo más.

—Estoy muy perdida. —Alejandra tomó un largo trago de café esperando que aquello le pudiese abrir la mente.

—Paloma me pone muy muy…

—¿Nerviosa?

—Parecido…

—¿Cachonda? Que te moja las bragas de arriba abajo, ¿no? —Sofía asintió con vergüenza—. Pues ahora si que no veo el problema. Que alguien te provoque eso es maravilloso, lo malo es cuando estás de cintura para abajo muerta.

—Ya, pero es que yo tengo un problema…

—¿Lo de los orgasmos? Puede que Paloma haga volar sus deditos hacía ese punto mágico. ¿No dices que sientes magia con ella? Barita no tiene, pero dos buenas manos…

—Es que yo creo que en el fondo tengo un miedo ahí que me impide disfrutar de ese momento intimo. Tantos años de mi vida reprimiendo que quizás no acabe por el miedo a disfrutar libremente de mi sexualidad. ¿Me entiendes?

—Sí, pero me parece una tontería. Tú eres como eres, una tía que vale muchísimo, que todas las personas que te conocen te quieren y te admiran. No tienes que demostrar más por el hecho de que te gusten las mujeres. Nosotras nos queremos  por igual sin importar con quien nos acostamos. Tus padres lo acabarán comprendiendo y los que estamos a tu lado a diario, somos felices si te vemos feliz. ¿No crees que deberías relajarte, dejar de machacarte y disfrutar para ser feliz?

—Sí. Lo voy a intentar.

—Déjate llevar. Hazme caso. A mi la primera vez que me metieron un buen…

—Ya, ¡me hago una idea! No hace falta que me lo expliques. —Las dos soltaron una gran carcajada mientras cómplices sus miradas se alegraban de su bonita amistad.

***

Sofía finalmente había elegido un look muy práctico. Habían pateado medio Madrid cogiendo grandes puñados de caramelos. Paloma le hacía sentir como una niña pequeña. Miraba la cara de su sobrino al observar a los Reyes Magos y no notaba gran diferencia de las miradas que le lanzaba ella a aquella preciosa chica de ojos azules. Se imaginaba aquellos ojos desvistiéndola o aquellas finas manos rozando los contornos de cuerpo haciendo que un gran escalofrío la recorriese de arriba a abajo. Sentía una atracción tan fuerte por ella que incluso a ochocientos kilómetros sería igual de potente solo con el eco de su voz en sus oídos. Sonó en su cabeza el “que te moja las bragas” de su amiga Alejandra. Siempre tan vulgar y tan poco cuidadosa con la expresión. Sin embargo, en aquel momento eran las palabras más acertadas para describir literalmente lo que le había pasado dos minutos atrás cuando Paloma le había dicho algo al oído al ver que era incapaz de escucharla de otro modo. Su voz suave y fina entrando en sus pabellones auditivos, haciendo trabajar dentro de su cuerpo a un entramado de partículas diminutas que terminaban humedeciendo su ropa interior.  Se estaba volviendo loca de atar. De no sentir absolutamente nada a perder la cordura por una simple voz. entrando por su cuerpo. No podía ni imaginar si la piel desnuda de Paloma se atrevía a dejar sin censura a la suya. De nuevo, las palabras de Alejandra en su cabeza, haciendo que una tímida sonrisa se proyectara en los ojos de Paloma.

—Eres de blanco, ¿no? Era lo que bebías en Nochevieja. —preguntó Paloma mirando la carta.

—Sí. Me gusta mucho más que el tinto.

—Hablando de gustar. Siento ser tan directa, pero no aguanto más. ¿Tienes alguna ilusión ahora mismo? —La sutileza de aquella pregunta chocaba con la claridad de su finalidad.

—¿Yo? —Las mejillas de Sofía tornaron a un rojo fuego de inmediato.

—Bueno, se lo podría estar preguntando a la camarera que está detrás de ti, pero no es mi tipo.

—Pues…Lo he dejado con mi chica hace dos semanas. —soltó sin reir la gracia de Paloma.

—Me lo imaginé cuando hablamos sobre el tema, pero al ver que te costaba mucho hablar de ello preferí dejar que acabases de contarme todo y después no me atreví a preguntártelo. Lo siento mucho.

—En realidad tú me ayudaste. —Sofía se sorprendió de sus palabras, pero estaba cansada de cuidar su lenguaje, de ser la perfecta y correcta.

—¿Perdona?

—Sí. Me vas a llamar loca. A estás alturas de mi vida, es posible que lo esté. El día que me crucé contigo sentí algo imposible de describir. Algo mucho más fuerte y potente de lo que el ser humano está acostumbrado a descodificar.

—Yo también lo sentí. —Paloma fijó los ojos en los suyos. Fue en ese preciso instante en el que Sofía entendió el sentido de todo. Paloma no había llegado a su vida por azar.

—¿Qué sentiste?

—Pues no sé…¿magia? —Las dos rieron. El vino llegó, los platos saltaron a la mesa y las risas y conversaciones se sucedieron en torrente. Las palabras se solapaban en sus curiosas bocas. En muchas ocasiones, como si de forma telepática se tratase, pronunciaban a la vez la misma concatenación de letras formando las mismas frases.  No era muy lógico que sin apenas conocerse,  pareciese que lo hacían de siempre.

***

—¿Quieres subir? No sé, nunca he hecho esto así en una primera cita. —Sugirió Sofía.

—Más bien sería la segunda, ¿no?

—Bueno, si contamos Nochevieja sí.

—Yo más bien hablaba de la cita en mi consulta. —Las dos rieron ante el inocente chiste, haciendo que Paloma se lanzase con un tímido beso sobre los labios de Sofía—. ¿Responde mi beso a tu pregunta?

—Sí. Más perfecto que una palabra. —Sofía sacó las llaves del bolso. Notó que su torpeza se acentuaba con los nervios de sentir aún el beso de Paloma. Un nuevo cosquilleo recorrió su espina dorsal al imaginarse que aquel sería tan inocente como su chiste, el más inocente de la noche.

Entraron en el piso. Dejando sus cosas sobre el mueble de la entrada. No fue con mucho acierto ya que sus miradas no estaban puestas en donde dejar las cosas. Se posaban sobre sus cuerpos. Sobre el deseo de verlos sin aquellas prendas que horas antes habían sido puestas en sus pieles para impresionarse o gustarse más. Ahora poco hacían. Ni siquiera abrigaban pues sus cuerpos desprendían el calor de una tarde de verano al sol de Sevilla. Paloma se volvió a lanzar sobre los labios de Sofía quien correspondió  a estos acercándose un poco y dejándose invadir por los labios de tan justa colona. Sus pliegues se adaptaron a la perfección y sus suaves movimientos animaron a sus manos que juguetonas buscaron un resquicio para colarse entre sus prendas. La intensidad de sus besos, deseosos de hacer un mayor recorrido, se hermano con unos dientes en busca de más piel para morder y saborear. Paloma inició aquel juego de mordiscos donde ninguna de las dos se salvaba. Fue Sofía quien animó a su boca a bajar por el cuello de Paloma para recordarle que le encantaba su piel. Sin embargo, pensó que quizás debía susurrárselo al oído. Aquellas palabras desataron las ganas de Paloma por sentir aún más a Sofía. Sus ojos hablaron con los de su amante, quien entendió que era momento de buscar una cama donde apoyarse. No hizo falta más lenguaje que el de una mano sujetando a otra dirigiéndola por un pasillo completamente oscuro. Paloma desató los botones de la camisa de Sofía, quien en segundos quedó con una fina tela que salvaguardaba su pecho. Sin embargo, dos fueron los segundos que tardó Paloma en despojarse de aquello para seguir su conquista por la piel de Sofía. Un subir y bajar de besos, labios, mordiscos y caricias concluyeron en el momento más intimo de la noche, donde la mano de Paloma se adentró en la zona más intima de una Sofía nerviosa por el momento que llegaría. Completamente empapada de deseo por sentir lo que jamás había sentido. Trató de pensar que aquello era bonito, que estaba disfrutando de una buena compañía, que dejarse llevar era lo que su cuerpo necesitaba. Un torrente de pensamientos positivos relajó su cuerpo como nunca lo había hecho. Paloma le hacía sentir seguridad. Sin dudas, no era tiempo lo que su cuerpo había necesitado para comprender que aquella persona que tenía en frente la complementaba de una forma especial. La delicadeza de Paloma, unida a las ganas de sentir a Sofía en profundidad, hizo que esta lanzase un gemido de placer. No era fingido. Paloma había dado con el punto exacto en el momento oportuno. Su respiración se alzó a lo más alto y solo cuando su cuerpo encontró el toque de explosión pudo volver a su ser para dejar caer su cuerpo contra el colchón con una respiración entrecortada. Los labios de Paloma se acercaron a los suyos y sus miradas se volvieron a encontrar para decirse que era muy difícil que nada ni nadie las pudiese alejar ya. Sofía se abrazó a Paloma, pegando tanto su cuerpo al de ella que era bastante difícil diferenciar el final de uno con el principio del otro. Se quedaron dormidas de inmediato.

—Vaya fuerte lo del gordo. ¿Te acuerdas de la calle donde nos tropezamos? Pues ha tocado donde una señora que los vendía en aquella esquina. —Paloma había despertado muy charlatana mientras Sofía intentaba desperezarse del todo.

—¿Cómo? —dijo Sofía pareciendo despertar.

—Sí. No tenía muchos pero a unas cuantas familias les ha arreglado la vida.

—¿Qué dices? Justo antes de chocar contra ti compré uno.

—¿Y no lo has comprobado? —preguntó Paloma sorprendida.

—He tenido yo la cabeza para comprobar nada…

—¿Y dónde lo tienes?—Sofía se levantó como un resorte hacía su bolso. Agarró su cartera y buscó con desesperación. Mientras, Paloma buscaba el número en su móvil—. A ver, te voy diciendo.

—Dispara.

—Cero.

—sí,

—Tres

—Sí.

—Tres.

—Sí.

—Cuatro.

—Sí.

—¿No jodas?¿Coinciden?

—Sí, venga. Solo queda el último.

—El 7. —Sofía se abalanzó sobre Paloma, tirando el décimo al suelo.—¿Es el 7?

—Ays, ¡qué me ha tocado!

—¿Te ha tocado? —preguntó Paloma eufórica—. ¿De verdad?

—Claro que sí, tonta. Me ha tocada al encontrar a la mejor chica del mundo, la que saca mis mejores orgasmos a relucir.  Y esos me van a tocar durante toda la vida. Me ha tocado despertares de besos, siestas de caricias. Me has tocado tú, creo que no hay mejor fortuna que esa. Y vaya si tocas…—Sofía estalló en una carcajada.

—¡Serás idiota! Y yo pensando que te había tocado el gordo…

Sofía sujetó a Paloma por la cintura y la besó con la suerte de saber que encontrarla aquellas navidades de 2018 había sido mejor fortuna que la coincidencia de cinco números sobre un papel.

 

 

Anuncios

Un comentario en “Final Orgasmo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s